jueves, 18 de febrero de 2010

Stiglitz Capítulo IX

Capítulo IX: Camino hacia el futuro (Pp. 299-348)

La globalización, por lo menos para los pobres del mundo, no funciona. Y, aunque para algunos la solución sea abandonar la globalización, esto no es factible. La globalización ha llegado para quedarse: ha producido grandes beneficios y ha propiciado que la sociedad civil global luche por la instauración en todo el mundo de la democracia. Entonces, parte del problema de la globalización radica en sus "árbitros": el BM, el FMI y la OMC. Pero, gracias a las demandas de reformas, ya ha habido algunos cambios. En 2001, las rondas de negociaciones en Doha o los compromisos asumidos por el BM para con los estados, son sólo algunos ejemplos.

No obstante, numerosos analistas sugieren que han percibido la realidad política imperante, y que deben cambiar su retórica si quieren sobrevivir.
Entonces ¿abolir el Fondo es la solución? Sostiene Stiglitz que de ser así, sería creada otra bajo diferentes formas. Queda la esperanza, entonces, de que estas instituciones internacionales sean rediseñadas.

Intereses e ideología
Aunque las instituciones parecen defender los intereses comerciales –OMC– y financieros –FMI– por sobre todo, ellas no lo ven así y consideran que la agenda que promueven favorece al interés general (a pesar de toda la evidencia existente que señala lo contrario).
El mayor desafío no radica simplemente en las propias entidades, sino también en los esquemas mentales: un típico presidente del Banco Central de un país, empieza su jornada laboral inquieto por las cifras de inflación, pero no por las de pobreza extrema.

La necesidad de instituciones públicas internacionales
No podemos anular la globalización; entonces la cuestión es cómo hacerla funcionar. Un primer paso es la creación de instituciones públicas globales que establezcan reglas. El mundo precisa de ellas, y aunque las ya existentes (FMI, BM, ONU, OMS, etc.), han evolucionado mucho en respuesta a las necesidades específicas dentro de sus campos de acción, en el mundo globalizado también se globalizan los problemas y la miseria, y de ahí la importancia de una acción a conciencia, colectiva y global.

Gobernanza
Hasta aquí hemos atribuido las fallas de la globalización al hecho de que, al fijar reglas del juego, los intereses y esquemas mentales comerciales y financieros parecen haber prevalecido en las instituciones económicas internacionales. Ha predominado una visión concreta del papel del Estado y los mercados, una visión que no es universalmente aceptada en los países desarrollados pero que es impuesta en los países subdesarrollados y las economías en transición.
El cambio que más pronto se requiere para que la globalización funcione como debiera, es un cambio en el modo de gobernar. Esto supone un cambio en los derechos de votos en las instituciones internaciones que garantice que no sólo sean las voces de los países más poderosos las escuchadas.

Claro está: estos cambios no serán sencillos. Estados Unidos, por ejemplo, no renunciará a su derecho de veto en el FMI y plantearán que los derechos de voto y veto se asignen sobre la base de las aportaciones de capital. Sin embargo, hace algún tiempo, China habría estado dispuesta a aumentar sus aportes de capital si ello era condición para obtener más votos... ¿China los tuvo? Claro que no, eso no sería permitido jamás por los Estados Unidos.

Transparencia
La falta de transparencia afecta a cada una de las instituciones internacionales, aunque en todas ellas se presente de manera distinta. Por ejemplo, en el ámbito bancario, la falta de transparencia es lo común: pensemos por qué existen paraísos fiscales (como las Islas Caimán) donde la evasión fiscal y el lavado de dinero es diario, y sólo después del 11 de septiembre se reconoció que entre esas actividades ilegales, figuraba la financiación del terrorismo.

Irónicamente, el FMI le había exigido una mayor transparencia al este asiático en sus crisis de 1997, cuando sabemos que en realidad es el FMI quien debe abrirse a una mayor transparencia.
El secreto y la falta de transparencia socava a la democracia. Y sin embargo vimos cómo el FMI o el BM (sólo por mencionar a algunas instituciones) aún no adoptan esta forma de pensar.

La reforma del FMI y del sistema financiero global
El FMI ha aceptado errores en la crisis del este asiático, pero ha tratado de limitar las críticas y la discusión sobre ellos. Siempre procura defender su posición de infalibilidad institucional alegando que si mostrara titubeos en su convicción de que sus políticas no son las correctas, perdería credibilidad. Pero ¿no son sus políticas acordes a la perfección del mercado? Si el Fondo hubiera sido más honrado, más directo y más modesto, está claro que hoy estaría en una mejor posición.

Asimismo, el FMI debería no modificar la forma de efectuar alguna de sus actividades. Es de público conocimiento que, por ejemplo, las estadísticas económicas que realizan son maquilladas para que se ajusten a la realidad que pretenden mostrar.

Los esfuerzos reformistas
Las dudas se ven reforzadas por la manera en que han proseguido las discusiones sobre la reforma. El debate <> sobre la reforma se ha centrado en las mismas instituciones y ha sido dominado por los mismos Gobiernos que efectivamente han <> la globalización durante cincuenta años. Hoy existe en todo el mundo una gran dosis de cinismo sobre el debate reformista. Si se sientan a la mesa los mismos responsables del sistema de toda la vida, los países en desarrollo se preguntan sobre las posibilidades de que se produzca un cambio verdadero. En lo que hace a estos <>, se trataba de una adivinanza en la cual los políticos pretendían hacer algo para corregir las desigualdades mientras que los intereses financieros procuraban preservar el statu quo todo cuanto fuera posible. Los cínicos tenían razón, pero sólo en parte. La crisis sacó a la superficie la sensación de que algo no funcionaba en el proceso de la globalización, y esta percepción movilizó a críticos en vasto abanico de asuntos: de la transparencia a la pobreza, el medio ambiente y los derechos laborales.

Lo que se necesita
Las reformas del sistema financiero internacional aún no han comenzado. Según Stiglitz, las reformas básicas serían las siguientes:
Aceptar el peligro de la liberización de los mercados de capitales, los flujos de capital a corto plazo (dinero caliente)
Reformas sobre quiebras y moratorias con el propósito de abordar los problemas cuando las deudores privados no puedan pagarle a sus acreedores, evitando así el financiamiento del FMI o los préstamos temerarios tan comunes hoy en día.
Menos recursos a los salvamentos.
Mejoras en la regulación bancaria, adaptación a la situación de cada país y lograr que los bancos suministren capital para el empresas, fomentando así la creación de empleos.
Mejor gestión del riesgo.
Mejores redes de seguridad y el incremento de la cooperación internacional.
Mejores respuestas a las crisis, y situar dichas respuestas en un contexto social y político.

La reforma del Banco Mundial y la ayuda al desarrollo
Parte de la esperanza en el cambio de Stiglitz, se basa en él ha presenciado un gran cambio dentro del Banco Mundial. Tal vez no tan grande ni tan radical, pero a partir de la crisis del este asiático –o incluso algunos años antes–, el BM comprendió que era el que debía ocuparse del desarrollo de los pueblos, de la ayuda para concretar ese desarrollo y consecuentemente, erradicar la pobreza.

El Banco había entendido que el desarrollo no sólo abarca recursos y capital, sino también una transformación de la sociedad.

Ayuda
La forma en que se concede a menudo la ayuda, imponiendo una serie de condiciones, puede lograr la creación de obstáculos frente a las transiciones efectivas. Algunos opinan que se debería poner en práctica la "selectividad", es decir, la concesión de ayuda a países con antecedentes probados, permitiéndoles que escojan por sí mismos sus propias estrategias de desarrollo. Las pruebas apuntan a que la ayuda concedida selectivamente puede ejercer impactos significativos tanto en la promoción del crecimiento como en la reducción de la pobreza.

Condonación de la deuda
Los países en desarrollo no sólo necesitan recibir ayuda, sino un aumento de la misma. Debe existir una base de financiación, de ayuda sostenida, libre de los caprichos de las políticas de los Estados Unidos y otros poderosos. Para esto, se han planteado diversas soluciones; por ejemplo, al fundarse el FMI se creó una suerte de "moneda internacional": los Derechos Especiales de Giro (SDR). La emisión de SDRs para financiar bienes públicos globales podría colaborar en el mantenimiento del vigor de la economía global, al mismo tiempo que asiste a alguno de los países más pobres del mundo.

Una segunda propuesta comprende el uso de ingresos a partir de los recursos económicos globales para sufragar la financiación.

Recientemente, la tensión se ha concentrado en la condonación de la deuda. Sin dicha condonación, muchos países en desarrollo no podrían crecer. Un elevado porcentaje de las exportaciones se destina a pagar a los países desarrollados sus préstamos.

La organización Jubileo 2000 tuvo éxito, con el respaldo de la Iglesia, en conseguir muchos más compromisos en pro de la condonación de la deuda. A fines del 2000, veinticuatro países habían condonado deudas.

La reforma de la OMC y el equilibrio de la agenda comercial
La agenda comercial de la OMC ha sido tan injusta que no sólo los países pobres no han recibido una cuota equitativa de los beneficios, sino que la región más pobre del mundo, el África subsahariana, de hecho empeoró como resultado de la última ronda de negociaciones comerciales. Estas desigualdades dieron lugar a una ronda de negociaciones en noviembre de 2001, iniciadas en Doha: la llamada "ronda del desarrollo".

La reforma de la OMC demandará reflexionar acerca de una agenda comercial más equilibrada y que preste especial atención a los países subdesarrollados. La UE, por ejemplo, ya ha dado un primer paso con su iniciativa "todo salvo armas", que permite la libre importación en Europa de todos los bienes de los países más pobres, excepto armas. Es un importante paso aunque no resuelve todas las quejas de los países más pobres: ellos siguen sin poder competir con la sumamente subsidiada agricultura europea.

Hacia una globalización con un rostro más humano
No sólo se trata de cambiar estructuras internacionales. El propio esquema mental en torno a la globalización debe modificarse. Pero la globalización mal gestionada trae consigo una consecuencia mucho peor: la amenaza a la identidad y los valores culturales. Se debe llegar a un proceso globalizador más gradual, en donde las instituciones tradicionales no sean arrolladas.
Igualmente, es preocupante lo que "esta" globalización puede llegar a hacer con la democracia. Es interesante ver como se lucha contra las dictaduras, pero al mismo tiempo nacen "dictaduras de las finanzas". Mientras la globalización sea presentada del modo en que lo ha sido, representa una privación de derechos civiles y políticos.

Hay malestar en la globalización; y si bien trajo muchos beneficios, los más beneficiados fueron aquellos países que se hicieron cargo de su propio destino y no creyeron en un mercado autorregulado que "resuelve problemas".

Es simple: si la globalización sigue gestionada como lo está, sólo generará más pobreza y más inestabilidad. Si logramos cambiarla, entonces podremos decir que el malestar en la globalización no fue en vano. Mientras tanto, y como expresó Keynes, de seguir así "a largo plazo, todos estaremos muertos". Pero Keynes fue acusado de socialista; por fortuna hay muchas personas en el mundo que reconocen estos problemas, y voluntad política para cambiarlos no les falta.
Es claro que la estrategia de la reforma debe tener "muchas puntas", y ello requerirá de mucho tiempo. Por el momento, hay que lograr que los países en desarrollo consigan gobiernos fuertes y eficaces, y que los desarrollados sean justos a la hora de arreglar la economía internacional.
Se necesitan políticas para un crecimiento sostenible, equitativo y democrático. Ésta es la razón del desarrollo. El desarrollo no consiste en ayudar a unos pocos individuos a enriquecerse o en crear un puñado de absurdas industrias protegidas que sólo benefician a la elite del país; no consiste a traer a Prada y Benetton, Ralph Lauren o Louis Vuitton para los ricos de las ciudades, abandonando a los pobres del campo a su miseria. El que se pudieran comprar bolsos de Gucci en los grandes almacenes de Moscú no significó que el país se había vuelto una economía de mercado. El desarrollo consiste en transformar las sociedades, mejorar las vidas de los pobres, permitir que todos tengan la oportunidad de salir adelante y acceder a la salud y a la educación.
Este tipo de desarrollo no tendrá lugar si sólo unos pocos dictan las políticas que deberá seguir un país. No es fácil cambiar el modo de hacer las cosas, pero vale la pena intentarlo. Si queremos y vamos a lograr una globalización con un rostro más humano, entonces debemos alzar nuestras voces. Y para ello, no debemos ni podemos quedarnos al margen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario