Capítulo II: Promesas rotas (Pp. 53-88)
Actualmente todo es pensado para evitar el contacto físico. En las guerras, las bombas se tiran desde 15.000 mts. de altura, al igual que las políticas económicas se piensan y aplican por personas que residen en un hotel de 5 estrellas, muy lejos de las personas que quedarán destruidas, más allá de que el lema del Banco Mundial sea "nuestro sueño es un mundo sin pobreza"...
Traducido a números, actualmente unos 1.200 millones de personas en el mundo viven con menos de 1 U$S diario, al mismo tiempo que 2.500 millones de personas viven con menos de 2 U$S diarios. Suman, las dos partes, más de un 60% de la población mundial... Cerca de 4.000 millones de personas habitan en la pobreza más total. 4.000, de 6.000 millones de habitantes en el mundo.
Comenta Stiglitz que en su primer día como vicepresidente senior del Banco Mundial concibió la idea de reducir la pobreza mediante: *estrategias más eficaces para promover el crecimiento y reducir la pobreza; *trabajar con los gobiernos de los países en desarrollo para aplicar dichas estrategias; y *hacer todo lo que pudiese en los países desarrollados a favor de los intereses e inquietudes del mundo subdesarrollado, presionando para que abran sus mercados o presten una asistencia efectiva mayor. Sabía que su tarea sería ardua, pero no que los obstáculos a afrontar serían seres humanos de la "institución hermana": el FMI.
Etiopía y la lucha entre la política del poder y la pobreza
Mucho antes de 1997, al este de continente africano, la situación de un país en especial era catastrófica. El ingreso anual per capita era de U$S 110, y dos millones de personas habían muerto por sequías y hambrunas.
Hasta 1991, gobernó este país africano un marxista: Mengistu Haite Mariam, que fue derrocado por guerrillas opositoras, comandadas en aquel entonces por Menes Zenawi, en 1997, Primer Ministro de Etiopía. Este último, muy honrado y comprometido con la descentralización del poder, llevó a su país, en 1993, a una estable democracia y le permitió, en el mismo año, la declaración de independencia a la actual Eritrea. Sin embargo, y a pesar de todos estos adelantos, la situación de los derechos humanos era aún precaria.
Años más tarde, en 1997, se acrecentaba una disputa entre el FMI y el BM contra Menes, a pesar de que las condiciones económicas de Etiopía eran inmejorables. La inflación prácticamente era inexistente: se trabajaba en pro del crecimiento y los índices de desempleo bajaban día a día. Esto, sin lugar a dudas, era muy importante para el Fondo, ya que si existiera la inflación significaría que los gobiernos gastan más de lo que recaudan por impuestos. También para los economistas esto es así, ya que consideran que dada la inflación y el estancamiento del desarrollo, "el esquema macroeconómico sería desastroso". Cuando ocurre esto último, el FMI suspende la ayuda económica.
Sin embargo, Etiopía gozaba de un cuadro económico satisfactorio, se dedicaba a los pobres, desarrollaba una estrategia de desarrollo rural y había reducido los gastos militares. Era un país merecedor de ayuda exterior; paradójicamente, el Fondo adujo a que estaban preocupados por la situación presupuestaria etíope. Al recibir ayuda extranjera, eran prácticamente esos sus ingresos, y al FMI le preocupó que se agotara esta ayuda.
Menes, con dicha ayuda, construía escuelas y hospitales, en vez de resguardar parte de ésta para reservas. El FMI, seguía mostrando sus preocupaciones, aunque para el Primer Ministro no tenía sentido... Había luchado 17 años por su pueblo, y no accedería a irracionales recomendaciones de un grupo de burócratas. La postura del FMI era, ciertamente, disparatada, sobre todo porque en el caso etíope quedó demostrado que la asistencia internacional era más estable que los ingresos fiscales. En conclusión: el Fondo planteaba algo carente de sentido; si los impuestos y la cooperación internacional no son ingresos, entonces todos los países se encontrarían en problemas. En todo caso, Etiopía "no tenía, ni debía" dale explicaciones al Fondo debido a que le pagaría la suma total de lo prestado, y a término.
Pero, claro está, los intereses del Fondo eran otros muy distintos, y eran éstos precisamente los que causaban las tensas relaciones entre esta entidad y Etiopía. El FMI pretendía que Etiopía abriese sus mercados financieros a la competencia occidental y dividiese su mayor banco en diversas fracciones, que difícilmente soportarían a competidores como Citybank o Travelers. Y, aunque esto hubiera sucedido, el dinero de estos bancos iría a manos de grandes empresarios, y no para los pobres agricultores etíopes. Ciertamente, y con razón, Etiopía no cedía a las presiones. No quería vivir la experiencia de su hermana Kenya que, luego de ceder a las presiones del Fondo, catorce bancos quebraron entre 1993 y 1994. Como era de esperarse, el Fondo suspendió su ayuda. Por suerte, el Banco Mundial, triplicó su asistencia económica a Etiopía, aunque pasaron meses hasta que el Fondo suavizara su postura para con el pobre país africano.
Desde hace mucho tiempo, acerca de las decisiones tomadas por el Fondo no hay debate público ni mucho menos y, lo que es peor, poseen un escaso conocimiento de las economías mundiales, comenzando por la de los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos se puede dar el lujo de desatender estas recomendaciones sin sufrir represarías, cosa que no pueden hacer los países tercermundistas. A modo de ejemplo, para el FMI no existen imperfecciones en el mercado, como el desempleo o el paro. Si para el FMI la demanda iguala a la oferta, entonces no hay cabida para el paro o el desempleo. Dicho de otra manera: según el fundamentalismo de mercado, los mercados funcionan a la perfección y la deuda debe igualar a la oferta. Entonces ¿a que atribuyen dichos "desperfectos"? La primera víctima es el Estado y sus políticas.
Para ilustrar con un ejemplo, alrededor de 1996 asedió a Botsuana una sequía que trajo innumerables muertes y arruinó el sector ganadero del país. El FMI propuso "su receta", y Botsuana prefirió desatender dichas recomendaciones, y ajustarse el cinturón hasta recobrarse.
A pesar de dichos ajustes, no se conoció prácticamente el descontento social que hubiese provocado un acuerdo del gobierno con el Fondo. En apenas cuatro meses, Botsuana se había recuperado.
Según el FMI, no son ellos los que dictan "las recetas", sino que son negociadas, aunque éste es un débil argumento considerando la desigualdad de dichas negociaciones: un país desesperado por un préstamo sucumbirá fácilmente a las presiones del Fondo, a excepción de unos pocos. Lo que es peor es que el país desesperado por dinero no podrá recibir préstamos de otros donantes (BM, UE y países independientes) si el FMI no lo autoriza.
Otro de los tantos aspectos a considerar son las condonaciones de las deudas. Si el FMI no está de acuerdo con el plan económico implementado en un determinado país, no hay lugar para la condonación. Esto otorga al FMI un gran poder, y ellos lo saben. Si un país cliente desea establecer un contrato con el Fondo, debería someterse a la voluntad del mismo. Entonces, el FMI le dirá qué hacer, de qué manera hacerlo, qué leyes dictar para cumplirlo, etc. Para esto, establece plazos de 30, 60 ó 90 días. Son éstas las llamadas "condiciones". Pero aparece también un término empleado a menudo por el FMI: la "condicionalidad". Consisten en condiciones más rigurosas que a menudo convierten al préstamo en herramientas políticas, en herramientas de presión.
Igualmente, algo que el FMI hace recurrentemente es sugerir –por no decir obligar– que los Bancos Centrales se ocupen pura y exclusivamente de la inflación. ¿Y el paro, el desempleo, los préstamos a personas de escasos recursos, el crecimiento, el desarrollo?
Pero las recomendaciones del Fondo parecen no funcionar. Las buenas políticas no se compran, y la condicionalidad no garantiza que el dinero sea gastado correctamente ya que el dinero que entra con un objetivo libera a otro para un objetivo distinto. Por ejemplo, si al Presidente de un país se le ocurriese construir un camino que desemboque en su casa, pero existe la necesidad de crear camino para que los agricultores lleguen a sus campos, el Banco optará por el beneficio de los muchos. Una vez construido el camino, el Estado no tendrá sobre sus espaldas la responsabilidad de crear un camino para los agricultores, y así destina dinero de sus fondos para la construcción de un camino para llegar a la casa del Presidente.
A pesar de todo los "contra" de la liberización de los mercados, el Fondo insistía en este punto, y eran sus programas de préstamos una evidente base de manejos políticos. Por ejemplo, el Fondo suspendió el modesto programa de ayuda a Kenya, aduciendo a la gran corrupción que envolvía al país. Si bien era esto cierto, a Rusia no le suspendieron los préstamos, y Rusia es un país con altos índices de corrupción. Pero claro, Kenya no posee armas nucleares.
Otro punto en el que el Fondo insistía, eran las privatizaciones, propiciadas, en parte, por el hecho de que el Fondo consideraba que si un Estado administra las empresas no podrá aislarse de las presiones políticas.
Veamos ahora cómo el Fondo aplica sus recetas. Antes de visitar un país cliente, el FMI redacta un borrador; en realidad, copia la mayor parte de una receta estándar, y la pega en el nuevo borrador. Para ser justos con el FMI, hay poco tiempo para debatir francamente y construir los informes sobre el consenso, pero el Fondo, por ejemplo, estuvo años tratando con la situación económica africana, y hoy África es uno de los continentes más pobres del mundo.
Sin embargo, si lo que se busca es que el país asuma los programas, se deben basar en el consenso, y no deben ser programas obligados por el Fondo. Se debe abandonar la condicionalidad, y se debe aplicar la "selectividad", es decir, retribuir con más fondos a los países que demuestren el correcto uso del dinero, e incentivarlos para que lo sigan haciendo.
Entre otros problemas del Fondo, se encuentra el de la carencia de transparencia y, al no existir una ley sobre la libertad de información, ningún ciudadano del mundo puede apelar a ella para acceder a los documentos o informes del Fondo.
jueves, 18 de febrero de 2010
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